La montaña rusa después del parto
Columna de opinión | Río de Voces
La maternidad está envuelta en un manto de romantización perpetua. Todo el mundo aplaude el milagro de concebir, de escuchar por primera vez el latido de ese ser tierno e inocente que nace del propio cuerpo. Es hermosa, sí, pero ¿por qué nadie habla de lo que pasa inmediatamente después? ¿Por qué callamos ante la desorientación, el vértigo de las sensaciones fuera de control y esa profunda sensación de soledad?
Lo viví recientemente. Tuve un embarazo muy anhelado, fui “la más consentida del condado”, a pesar de atravesar la crisis política más dura de mi vida. Pero cuando mi pequeño nació, se desató otra tormenta de la que los manuales oficiales no advierten. ¿Cómo se supone que una mujer procese el dolor físico de una cirugía, el cansancio extremo de pasar días y noches sin dormir, sin poder comer o incluso bañarse?
Y es ahí, tras el quirófano, cuando la realidad golpea con fuerza. A pesar de la inmensa felicidad de tener a mi bebé en los brazos, fue la etapa en la que más sola me he sentido. Los amigos se esfuman, cada uno envuelto en sus propias rutinas. Había momentos en los que solo quería llorar sin una causa aparente, cargando además con el peso de la culpa por no poder «disfrutar» plenamente de mi hijo debido a la montaña rusa hormonal, al verme al espejo, simplemente no me reconocía.
A esto súmele el terror invisible: saber que en cualquier momento pueden tocar a la puerta para requerirte en audiencias de una fiscalía fría que no distingue circunstancias y obedece a líneas políticas trasadas por el poder — una persecución institucional que ya he expuesto en este espacio bajo el título de «La Paridad de Papel». —
¿Por qué lo callamos? Por miedo. El gran tabú social impone la idea de una maternidad perfecta. Si te atreves a confesar que estás abrumada, temes ser juzgada como una «mala madre». Lo más delicado es el temor de que tu propia pareja no comprenda lo que sucede en tu mente y en tus hormonas.
- ¿Cuántas mujeres cargan en riguroso silencio con la depresión posparto por el qué dirán?
- ¿Por qué el sistema volca toda la atención exclusivamente en el recién nacido, invisibilizando por completo las necesidades de la madre?
Lo he platicado con amigas y mujeres cercanas: la gran mayoría pasaron por lo mismo. El agotamiento crónico nos roba la energía para entablar diálogos profundos, perpetuando el aislamiento. Si supiéramos que es un proceso biológico compartido y no una falla personal, la carga sería más ligera.
Las mujeres somos increíblemente fuertes, de eso no hay duda. Pero la verdadera evolución social exige dejar de romantizar el sufrimiento en solitario. La paridad real empieza en casa, validando sin máscaras los claroscuros del puerperio y construyendo una auténtica red de apoyo donde la familia camine unida.
La pregunta es… ¿Estamos listos? No se si la sociedad esté preparada para esto, no se si el hombre lo esté, pero creo firmemente que debemos ir evolucionando hacia allá.
Columna Río de Voces | Cecy Hernández | www.elpoder.mx