Autoestima, carácter y liderazgo en la política, el poder comienza en uno mismo
Columna de opinión Hay vida en Martes
En política se habla mucho del poder, pero pocas veces nos preguntamos dónde comienza realmente o que es necesario para tenerlo o mejor aún conservarlo.
Para algunos, el poder está en un cargo, en una posición, en una candidatura o en la capacidad de tomar decisiones. Para mí existe un poder anterior a todos ellos: el poder de creer en uno mismo sin necesitar disminuir a los demás para sentirnos importantes y jamás perder tu esencia, tus valores.
Ahí comienza la autoestima y considero que la política necesita hablar mucho más de ella.
Quien decide participar en la vida pública debe estar preparado para algo inevitable: ya que será observado, cuestionado, criticado y, en ocasiones, juzgado sin que los demás conozcan completamente su historia, un día llegarán los aplausos y otro día las críticas, al otro día muchos estarán cerca y quizá, cuando cambien las circunstancias, algunos ya no estarán, se olvidarán de lo que fuiste o hiciste.
Por eso, cuando nuestro valor depende exclusivamente del reconocimiento externo, también dejamos nuestra estabilidad en manos de los demás, lo importante es que no confundamos autoestima con ego.
En política esta diferencia es fundamental, El ego necesita demostrar poder, en cambio la autoestima demuestra seguridad.
El ego busca reflectores, la autoestima puede trabajar aun cuando nadie esté mirando.
El ego pretende acumular seguidores, la autoestima permite formar nuevos líderes.
Un político, servidor público o ciudadano seguro de sí mismo no debería sentir temor cuando otra persona destaca. Al contrario, debería comprender que una comunidad necesita muchas voces, talentos y liderazgos para avanzar, es de ahí la importancia de conformar equipos sólidos y comprometidos.
Ahí encontramos una de las diferencias entre ocupar un espacio y verdaderamente trascender, el dejar una huella palpable en la vida.
El cargo te da autoridad temporal y una movilidad practica; tus acciones marcan la pauta diaria y construyen tu legado.
Es fundamental entender que la critica también es parte de tu formación en el camino que decidas tomar.
Participar significa exponerse a todo tipo de reacciones, siempre habrá quien esté de acuerdo con nuestras decisiones y quien piense diferente, pero debemos aprender que pensar distinto no convierte automáticamente a alguien en enemigo, que la mayor parte de las veces así lo vemos e interpretamos mal.
Una persona con autoestima puede escuchar, puede aceptar cuando se equivoca, puede corregir, puede incluso reconocer una buena propuesta, aunque venga de alguien con quien no coincide políticamente, eso también es madurez política.
Nuestra sociedad necesita menos confrontaciones personales y más debates de ideas, porque cuando convertimos cada diferencia en una batalla, dejamos de discutir soluciones y comenzamos a defender egos, ahí es cuando sucede la fricción en la mayor parte de los equipos.
No es necesario un cargo o posición para servir, este es quizá uno de los mensajes que más me interesa compartir.
Durante años hemos relacionado la participación política con ocupar posiciones, pareciera que para transformar nuestro entorno primero necesitamos un nombramiento u ese empoderamiento público.
No estoy de acuerdo, mis padres siempre me dijeron que para ayudar y contribuir desde cualquier trinchera es bueno, mientras esas acciones sean en beneficio de las personas, tu síguele.
Por eso se puede servir desde una colonia, desde un negocio, des de tu puesto de frutas, desde una escuela, desde una asociación, desde el arte y la cultura, desde un proyecto ciudadano, desde el servicio público, incluso desde pequeñas acciones que probablemente nunca aparecerán en una fotografía o no te las reconozcan.
El liderazgo comienza cuando decides hacer algo por los demás sin preguntar primero qué recibirás a cambio.
Aprender a abrir puertas en tu entorno como meta, el preguntarnos qué clase de liderazgos queremos construir y que queremos dejar de precedente.
Personalmente creo en los proyectos que generan oportunidades y en abrir espacios para quienes vienen detrás, estos es saber realmente quien eres y que es lo que quieres, aprender a ser un semillero de nuevos líderes con una doctrina bien establecida del servir a la sociedad.
Necesitamos de la participación e inclusión de niños y jóvenes que crean en sus capacidades, de aquellos emprendedores, artistas, comerciantes, profesionistas, servidores públicos comprometidos, ciudadanos participativos, y sobre todo, necesitamos nuevos liderazgos.
Quien verdaderamente confía en sí mismo no tiene miedo de impulsar a otra persona, sembrar nuevos líderes no significa perder nuestro lugar; significa dejar huella.
Entender que la política no puede ser solamente poder, cuando la política pierde sensibilidad, también comienza a perder su razón de ser, detrás de cada decisión existen personas, familias, historias, necesidades, sueños.
Por eso debemos recuperar una política cercana, capaz de caminar por las calles, escuchar a la gente y entender que ningún escritorio sustituye completamente el contacto con la realidad, como se diría por ahí, menos escritorio y más territorio, en las calles los ciudadanos ya no solamente quieren discursos, quieren resultados, oportunidades, quieren ser escuchados y también quieren congruencia.
¿Quién eres cuando ya no hay reflectores?
Esa podría ser una de las preguntas más importantes para cualquiera que participe en política.
¿Seguirías ayudando si nadie publicara una fotografía?
¿Seguirías trabajando si no existiera reconocimiento?
¿Defenderías los mismos principios si hacerlo significara perder popularidad?
¿Impulsarías a alguien sabiendo que algún día podría llegar más lejos que tú?
Las respuestas dicen mucho más de nuestro liderazgo que cualquier discurso, la autoestima nos permite caminar con seguridad, pero también con humildad, nos recuerda que no necesitamos destruir para crecer, atacar para destacar ni apagar la luz de alguien más para hacer visible la nuestra.
El verdadero poder
Esta es mi primera colaboración, y precisamente por eso quise comenzar hablando del poder más difícil de conquistar: el que ejercemos sobre nosotros mismos.
El poder de mantener nuestra esencia, de levantarnos después de una derrota, de aceptar nuestros errores, de defender nuestros valores, de comenzar proyectos cuando otros dicen que no pueden realizarse, de abrir oportunidades, de ayudar y de continuar caminando aun cuando no existan aplausos, el seguir abriendo caminos sin importar el que dirán o las palabras mal intencionadas, primeramente, amor propio y una autoestima sólida, creo es básico para trascender de la mejor manera, el entender que los puestos terminan, las administraciones cambian, las campañas concluyen y los reflectores se apagan, pero aquello que hicimos por los demás puede permanecer durante generaciones.
En política, como en la vida, el verdadero poder no consiste solamente en llegar. Consiste en saber quién eres cuando llegas, no perder tu esencia mientras estás ahí y dejar algo bueno cuando te vas.
Y mientras tengamos la capacidad de creer, servir, construir y abrir oportunidades para otros… Hay vida.